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Libro de papel o e-book es la pregunta obligada que todo periodista
debe hacer al escritor en algún momento de la entrevista y es
la pregunta que los lectores se hacen también. En unos meses ya nadie
se extraña de ver a su compañero de oficina extrayendo ese pequeño
artefacto más grande que un móvil y más pequeño que un folio y
poniéndolo en marcha a golpe de botón. Ha pasado a ser un objeto
cotidiano.
Las estadísticas demuestran que los que más leemos libros
en papel, somos también los que más leemos en e-book. Sin embargo,
existen una serie de circunstancias favorables al libro de papel, con
ellos se pueden hacer cosas tan valiosas como regalarlos, donarlos o
prestarlos, recibirlos, cambiarlos y dedicarlos... En ese sentido los
e-books son muy poco o nada sociales, son objetos personales que nunca
se deben prestar, ni dejar, algo así como una estilográfica. El libro
de papel si se cae no se rompe, no se queda sin batería, no hay que
actualizar su sistema operativo. Pero a favor del e-book está la
inmediatez: cuando uno quiere urgentemente un texto, lo puede obtener
en cualquier momento y desde cualquier lugar. En esta época de crisis
económica agonizante el e-book juega con ventaja ¡libros por menos de
un euro! El papel nunca podrá competir en el precio, demasiados
intermediarios: editores, librerías, agentes literarios... Los
detractores dicen que el e-book no tiene olor, no chasquean sus páginas
conforme se van pasando, pero tiene un diccionario incorporado y puede
contener miles de libros en un espacio reducido. ¿Qué tienen que decir
de esto los fabricantes de estanterías? El e-book encaja en los
pequeños apartamentos de las grandes ciudades, no se manchan sus
páginas de tinta electrónica con el descuidado derrame de una taza de
café, no se queman sus hojas con la ceniza de un cigarrillo... La letra
se adapta a los ojos del usuario: más grande, más espaciada. El e-book
es versátil. ¡Ah! pero el libro en papel es algo personal, único. ¿Ha
probado algún escritor a dedicar un e-book?
En definitiva: ni la televisión acabó con la radio,
ni internet fulminó a los periódicos. Libro en papel y libro
electrónico pueden y deben convivir..., de momento.
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