Se le
atribuye a Groucho Marx la célebre frase de que inteligencia y
militar son dos términos contrapuestos que no deberían ir juntos en la
misma línea.
No deja de ser un
chascarrillo ingenioso pero que
seguramente fue compartido por más de uno en la época en que se dijo.
Igual ocurre, o más bien debería decir ocurría, con las palabras policía
y cultura, términos que aunque se crean contrapuestos, bien
deben ir juntos. La disociación de esas dos palabras no tendría sentido
en una corporación, donde, y desde dentro, se está fraguando una
intensa participación en el mundo literario. Y es que la agrupación de
términos relacionados con la policía es
posiblemente infinita. Pero los
más conocidos dimanan de la relación intrínseca con el cine. Eje
fundamental de un género cinematográfico que ha aportado héroes
violentos, mitificando un culto que mucho se aleja de la realidad. Así
los policías del séptimo arte son bruscos, fuertes, extremadamente
musculados, de gatillo fácil, imprevisibles, violentos y con poca
paciencia. Solventan todas las situaciones a golpe de nudillo. Expertos
en artes marciales de nombres impronunciables, son una perniciosa
fachada de lo que debería ser un policía. Y casi paralelamente han
surgido otros policías en la pequeña pantalla, llamados de bata blanca,
atrapando a los malhechores a través de escuetos vestigios dejados en
el lugar del crimen. La asociación entre policía y medicina se ha
llevado a cabo de forma indiscutible. Al igual que policía y
judicatura. Los policías televisivos son técnicos y diestros en
defender los casos ante el mejor jurado del mundo. De esta forma, a
través del cine y la televisión se ha asociado la palabra policía a
otras profesiones de manera incuestionable: policía y medicina, policía
y artes marciales, policía y armas, policía y jueces, policía y
violencia, policía y ciencia. Un policía armado con una pistola, a la
que nunca se le acaban las balas, es capaz, por si solo, de rescatar
sanos y salvos a todos los rehenes de un banco, al igual que un policía
con un centímetro de cabello puede saber la altura, el peso y el sexo
de la víctima.
| La
asociación entre policía y medicina se ha
llevado a cabo de forma indiscutible. |
Últimamente, en el cine más reciente, se habla también de la figura del
negociador. Un policía que en solitario hace de intermediario entre un
secuestrador, por ejemplo, y las exigencias que pueda proponer para
liberar a los rehenes. Ahí entraría el termino policía y psicología.
Pero la figura del negociador no está ligada exclusivamente a la
policía, ya que suelen ser especialistas que trabajan para la policía,
pero NO son policías.
No hay que olvidar que los
antecedentes del cine y la televisión hay
que buscarlos en la literatura, artífice del género. En la
extensa
historia de la literatura se han vertido ríos de tinta sobre temas
exclusivamente policiales, pero curiosamente la
mayoría de esos textos
han surgido de plumas que nada, o casi nada, tenían que ver con la
policía. Quien no recuerda al detective Hércules Poirot, ya
trasnochado, surgido de la mente de la insustituible Agatha Christie. O
al comisario Maigret, personaje ficticio de la policía judicial
francesa y creado por el pletórico intelecto de Georges Simenon. El
pensativo Sherlock Holmes ideado por Sir Arthur Conan Doyle. En todos
ellos ha destacado su soledad. Su desarraigo familiar. Sus luchas
internas. Prevaleciendo un alto nivel de despreocupación interna,
vertida en la lucha incesante, implacable, contra el crimen.
Sacrificando su propio devenir en pro de los demás. Y acaso no han
sido, en cierta manera, personajes surgidos de la similitud de
literatos de vidas truncadas. El pensativo Colombo, siempre al acecho
de un vestigio, por nimio que fuera, bien podría recordar al escritor
sumergido en extensas hileras de libros, buceando entre notas inconexas
que poco a poco van enlazándose entre sí. El culto Holmes, instruido a
través de un conocimiento excelso surgido de los libros.
Raymond
Chandler
definió la novela negra como el simple arte de matar.
El término "negro" se asocia a
un tipo de novela policíaca en que la
resolución del misterio no es el objetivo en sí, y donde las divisiones
entre el bien y el mal están bien difuminadas. Los protagonistas del
género son individuos derrotados, en decadencia, que se centran en
encontrar la verdad. Es en ese tipo de novela, precisamente, donde
policía y cultura se asemejan más. En ellas poco o casi nada diferencia
a un escritor de un policía.
En definitiva, a través de la literatura, primero, y el cine y la
televisión, después, se ha fraguado una asociación entre policía y
otros términos que más o menos han tenido relación. Si bien es difícil
encontrar uno que se ajuste más que otro. Pero lo que está claro es que
el menos relacionado ha sido policía
y cultura, cuando realmente es el
principal y el que más relación debería tener.
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