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Policía y Cultura (23.06.2025)


    Se le atribuye a Groucho Marx la célebre frase de que inteligencia y militar son dos términos contrapuestos que no deberían ir juntos en la misma línea.
   No deja de ser un chascarrillo ingenioso pero que seguramente fue compartido por más de uno en la época en que se dijo. Igual ocurre, o más bien debería decir ocurría, con las palabras policía y cultura, términos que aunque se crean contrapuestos, bien deben ir juntos. La disociación de esas dos palabras no tendría sentido en una corporación, donde, y desde dentro, se está fraguando una intensa participación en el mundo literario. Y es que la agrupación de términos relacionados con la policía es posiblemente infinita. Pero los más conocidos dimanan de la relación intrínseca con el cine. Eje fundamental de un género cinematográfico que ha aportado héroes violentos, mitificando un culto que mucho se aleja de la realidad. Así los policías del séptimo arte son bruscos, fuertes, extremadamente musculados, de gatillo fácil, imprevisibles, violentos y con poca paciencia. Solventan todas las situaciones a golpe de nudillo. Expertos en artes marciales de nombres impronunciables, son una perniciosa fachada de lo que debería ser un policía. Y casi paralelamente han surgido otros policías en la pequeña pantalla, llamados de bata blanca, atrapando a los malhechores a través de escuetos vestigios dejados en el lugar del crimen. La asociación entre policía y medicina se ha llevado a cabo de forma indiscutible. Al igual que policía y judicatura. Los policías televisivos son técnicos y diestros en defender los casos ante el mejor jurado del mundo. De esta forma, a través del cine y la televisión se ha asociado la palabra policía a otras profesiones de manera incuestionable: policía y medicina, policía y artes marciales, policía y armas, policía y jueces, policía y violencia, policía y ciencia. Un policía armado con una pistola, a la que nunca se le acaban las balas, es capaz, por si solo, de rescatar sanos y salvos a todos los rehenes de un banco, al igual que un policía con un centímetro de cabello puede saber la altura, el peso y el sexo de la víctima.
La asociación entre policía y medicina se ha llevado a cabo de forma indiscutible.
    Últimamente, en el cine más reciente, se habla también de la figura del negociador. Un policía que en solitario hace de intermediario entre un secuestrador, por ejemplo, y las exigencias que pueda proponer para liberar a los rehenes. Ahí entraría el termino policía y psicología. Pero la figura del negociador no está ligada exclusivamente a la policía, ya que suelen ser especialistas que trabajan para la policía, pero NO son policías.
 
  No hay que olvidar que los antecedentes del cine y la televisión hay que buscarlos en la literatura, artífice del género. En la extensa historia de la literatura se han vertido ríos de tinta sobre temas exclusivamente policiales, p
ero curiosamente la mayoría de esos textos han surgido de plumas que nada, o casi nada, tenían que ver con la policía. Quien no recuerda al detective Hércules Poirot, ya trasnochado, surgido de la mente de la insustituible Agatha Christie. O al comisario Maigret, personaje ficticio de la policía judicial francesa y creado por el pletórico intelecto de Georges Simenon. El pensativo Sherlock Holmes ideado por Sir Arthur Conan Doyle. En todos ellos ha destacado su soledad. Su desarraigo familiar. Sus luchas internas. Prevaleciendo un alto nivel de despreocupación interna, vertida en la lucha incesante, implacable, contra el crimen. Sacrificando su propio devenir en pro de los demás. Y acaso no han sido, en cierta manera, personajes surgidos de la similitud de literatos de vidas truncadas. El pensativo Colombo, siempre al acecho de un vestigio, por nimio que fuera, bien podría recordar al escritor sumergido en extensas hileras de libros, buceando entre notas inconexas que poco a poco van enlazándose entre sí. El culto Holmes, instruido a través de un conocimiento excelso surgido de los libros.

    Raymond Chandler definió la novela negra como el simple arte de matar. El término "negro" se asocia a un tipo de novela policíaca en que la resolución del misterio no es el objetivo en sí, y donde las divisiones entre el bien y el mal están bien difuminadas. Los protagonistas del género son individuos derrotados, en decadencia, que se centran en encontrar la verdad. Es en ese tipo de novela, precisamente, donde policía y cultura se asemejan más. En ellas poco o casi nada diferencia a un escritor de un policía.


    En definitiva, a través de la literatura, primero, y el cine y la televisión, después, se ha fraguado una asociación entre policía y otros términos que más o menos han tenido relación. Si bien es difícil encontrar uno que se ajuste más que otro. Pero lo que está claro es que el menos relacionado ha sido policía y cultura, cuando realmente es el principal y el que más relación debería tener.

© Esteban Navarro